The Hour is Blue

Messi y el paso del tiempo (Spanish translation)

Por FARHA GUERRERO

Me despierto temprano esta mañana, como tantas otras, alrededor de las cuatro de la madrugada, lo que desde hace mucho tiempo conozco como la hora mágica. Apenas abro los ojos, escucho palabras. Palabras que esperan ser escritas, y que me recuerdan que soy escritora.

Hoy mis pensamientos se dirigen a la memoria de un hombre al que muchos llamamos simplemente Messi, un nombre conocido por todo amante del fútbol. Un hombre que juega este deporte de una manera que sabemos que quizá nunca volveremos a presenciar.

El paso del tiempo ocupa un lugar central en estos pensamientos de la madrugada, del mismo modo que lo hizo hace cuatro años, cuando escribí un breve texto titulado Argentina gana el Mundial.

Era una reflexión sobre cómo uno puede imaginar su vida como una vida entre Mundiales, una vida dividida en intervalos de cuatro años.

Cuando uno hace ese sencillo cálculo, reflexionaba entonces, enseguida comprende que no hay tantos Mundiales en una vida. De pronto ese número se vuelve pequeño, y uno siente que el paso del tiempo también lo es.

¿Qué sucede, entonces, me pregunto esta madrugada, entre un Mundial y otro? ¿Cuánto aprendimos y cuánto crecimos en estos últimos cuatro años? ¿Qué dificultades logramos superar? ¿Qué belleza y qué asombro presenciamos? ¿Y qué belleza y qué asombro presenciaremos en estos últimos partidos?

Yo, como tantas personas en todo el mundo, espero con ilusión algo extraordinario este miércoles. Nuestras miradas estarán puestas en ese hombre porque, a sus treinta y nueve años, no sabemos si volveremos a verlo jugar en el escenario más grande del fútbol mundial.

Messi, al menos a mis ojos, no ha envejecido desde el último Mundial. Sigue siendo el mismo hombre, jugando con esa intensidad extraordinaria y esa sabiduría que siempre lo han distinguido. Es una afirmación no sólo de su voluntad de seguir jugando este deporte, sino también de su conocimiento y de su inteligencia.

Messi es metódico. Es un pensador. Es El Pensador de Rodin, pero sobre la cancha.

Creo que ve lo que muchos otros jugadores no pueden ver: espacios vacíos, lugares donde colocar el balón con absoluta precisión. Detiene el tiempo. Los milisegundos pueden sentirse como una eternidad, y es precisamente en esa eternidad de excelencia donde aparece su magia.

Su concentración es extraordinaria. Su capacidad para regular sus emociones lo es aún más. Es humilde, y hay en él una bondad y una serenidad poco comunes. Es esa forma de ser la que hace que lo queramos tanto. A veces siento, al menos para mí, que es el ser humano perfecto sobre una cancha de fútbol.

Y así, este miércoles, mientras nuestras miradas continúan irresistiblemente atraídas hacia él, hay una sola cosa de la que estoy completamente segura. Me siento agradecida de haber vivido seis Mundiales con Messi.

Y aún más agradecida de haber vivido siete Mundiales junto a mi marido argentino.


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